Ciclovías elevadas, obstáculo para el consumo local

Ciclovías elevadas, obstáculo para el consumo local

Por: Jessica Hernández

Una estrategia integral de movilidad comienza por reconocer que cada persona tiene derecho a ocupar un espacio en la calle; los gobiernos locales tienen la obligación de proporcionar la infraestructura adecuada –ciclovías y pasos peatonales a nivel de calle, ampliación de banquetas, corredores peatonalizados, entre otros-  para promover esta apropiación del espacio público y fomentar la sana convivencia, priorizando la jerarquía de movilidad urbana.

De acuerdo con el Manual Integral de Movilidad Ciclista para Ciudades Mexicanas del ITDP, la movilidad urbana sustentable tiene como principales objetivos:

  1. Ofrecer mayores condiciones de accesibilidad a pie y en bicicleta.
  2. Fomentar el transporte colectivo.
  3. Reducir el volumen y velocidad del parque vehicular motorizado.
  4. Disminuir los espacios dependientes a los coches (estacionamientos públicos y privados)
  5. Cobro por estacionamiento en espacios públicos.

Partiendo de estos objetivos, las ciclopistas elevadas en la capital poblana no forman parte de un plan de movilidad urbana sustentable, ya que incumplen con varios de los planteamientos como “ofrecer mayores condiciones de accesibilidad a pie y en bicicleta” o “reducir el volumen y velocidad del parque vehicular motorizado”.

Activistas, organizaciones y diversos estudios han demostrado que las ciclovías elevadas van en contra del principio de accesibilidad ciclista, ya que requiere más esfuerzo para subir y limita las entradas y salidas a las rampas de acceso. Asimismo, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) ha presionado a las ciudades del mundo a construir vialidades seguras para las y los ciclistas minimizando los obstáculos y cambios de nivel.

Así mismo, segregando y separando a las y los ciclistas del espacio público con este tipo de infraestructura se genera una repercusión mayor en las ciudades del mundo, se afecta el consumo local.

Ya que las ciclovías elevadas tienen pocos accesos, quienes deciden utilizarlas no pueden realizar paradas para comprar productos o servicios, ni siquiera para hidratarse o comer algo. Como no existe la posibilidad de hacer paradas en el trayecto al destino, se rompe cualquier relación con la ciudad y su sector económico; se podría decir que una ciclovía elevada es un “mal negocio” para cualquier comercio.

Reactivación económica viene de la mano de un plan de movilidad urbano

Conforme al manual “Bueno para negocios” de Heart Foundation y traducido al español por Bicitekas A.C., “las calles comerciales que no permiten el libre paso de peatones y ciclistas, y que se encuentran en un circuito con transporte público de baja calidad, corren el riesgo de perder ventas, productividad y empleados.”

El mismo manual de negocios y movilidad afirma que caminar y pedalear son formas de transporte lo suficientemente lentas y flexibles para que sus practicantes puedan detenerse y comprar de una manera más simple y natural de lo que lo haría un automovilista o usuario de autobús.

“Los negocios locales prosperan en comunidades de alta densidad que se pueden recorrer a pie, y es muy probable que se abastezcan de productos locales, apoyando así a otros negocios de la localidad.”

Al desarrollar ciclovías a nivel de calle, todas las personas que transitan por la calle aprenden a convivir de manera sana en el espacio público generando las condiciones adecuadas para que las y los peatones también decidan utilizar el espacio, aumentando la economía local también.