A dos ruedas: una nueva movilidad para una Nueva Normalidad

Una nueva movilidad para una Nueva Normalidad

Por: Jessica Reyes

La economía popular en México se mueve todos los días sorteando al virus
COVID-19, ya que ante la imperiosa necesidad de esa gran mayoría de ciudadanas y ciudadanos que viven al día —según estadísticas del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, correspondientes al año 2018, en el país 52 millones 425 mil 887 personas viven en situación de pobreza—, permanecer en casa resulta una ruta de combate contra el coronavirus muy peligrosa de imitar.

Ante este panorama y bajo una dinámica que representa un riesgo de exposición al contagio por trasladarse a un lugar de trabajo o donde viajar es el trabajo en sí mismo, la Ciudad de Puebla estrena una nueva alternativa para transiciones seguras, saludables y sostenibles, a través de una red de ciclovías emergentes de 26 kilómetros de rutas habilitadas para desplazamientos a dos ruedas.

La apuesta con esta iniciativa no sólo es incentivar el uso de la bicicleta para transitar la capital poblana con el distanciamiento físico ideal y evitando aglomeraciones, sino sentar las bases para una movilidad activa e incluyente más saludable en todos los sentidos.

Al respecto, Claudia Orea Barra, arquitecta y presidenta del Consejo Ciudadano de Movilidad de Puebla, considera la bicicleta y caminar los medios de transporte más nobles, pues ambos añaden no sólo beneficios a la salud física y mental de quienes realizan estas actividades como formas de trasladado, sino también una oportunidad de participar de manera activa y cercana con el entorno, algo que no sucede al utilizar un coche.

Regresar a voltear a ver estos medios de transporte nos devuelve la humanidad”, añade la urbanista.

Las modificaciones al espacio urbano de la Angelópolis representan un cambio en el modelo de convivencia entre peatones, ciclistas y automovilistas, pues se migra a un rediseño más equitativo y seguro para los sectores en movimiento más vulnerados: ciudadanos a pie y biciusarios.

Para la Secretaría de Movilidad del Municipio (SEMOVI), la Nueva Normalidad requiere de una redistribución vial que pacifique la velocidad y permita una reducción considerable de hechos de tránsito, pues tan sólo en el 2019 —de acuerdo con datos recopilados por la asociación #ManuVive—Puebla fue la cuarta zona metropolitana con más muertes de peatones y ciclistas, con 81 pérdidas ciudadanas. Según la información publicada por esta instancia civil, de enero a diciembre del año pasado se documentaron 2 mil 950 víctimas mortales por atropellamientos viales en todo el país; 2 mil 494 eran peatones y 449 ciclistas.

Generar espacios seguros para la movilidad activa ya era prioridad antes de la pandemia. Ahora, frente a circunstancias radicales de salud pública, el Gobierno de la Ciudad de Puebla ha emprendido acciones a escala para impulsar un esquema de circulación pacífica en las calles, con entornos urbanos intervenidos a través de una infraestructura a nivel de piso, señalética horizontal y vertical y una operación y vigilancia de estos corredores las 24 horas del día, los 7 días de la semana, hasta que el semáforo epidemiológico ceda y cambie a color verde.

Vivir desplazándose al aire libre, entre el ejercicio y el trabajo

8 de la mañana y 12 kilómetros para alcanzar la primera de 16 colonias de su jornada.

Antonio Rodríguez Ramírez tiene 18 años y trabaja como afilador para ayudar con el sustento del día a día a su familia, su bici amarilla, armada y adaptada para el oficio por sus propias manos, ha salido bajo su mando esta mañana, pretendiendo llegar desde la colonia Popular Castillotla a la Recta a Cholula, marcando el silbido para sacar del resguardo domiciliario a sus clientes de la zona.

Toño ha andado en bicicleta desde que tiene 8 años y aprendió a afilar utensilios y herramientas viendo a otras personas pedalear de espaldas, cuando era un adolescente. Ahora, con la responsabilidad de contribuir económicamente al gasto colectivo de su hogar, y por el gusto de moverse en bicicleta y hacer ejercicio, se desplaza todos los días por zonas y rutas variadas –de acuerdo con el itinerario que se ha forjado a sí mismo—llegando hasta La Guadalupana, a lo largo del Bulevar del Niño Poblano, por Ciudad Judicial, a través del Periférico Ecológico y también entre las calles de la colonia Xilotzingo.

“Por día recorro unas 16 colonias, y vengo llegando a mi casa como a las 10 de la noche”, comenta mientras regresa su utilidad a unas tijeras de jardín.

Herramienta de trabajo y medio de transporte, la bicicleta de Toño es un soporte a dos ruedas de una pequeña economía que, además de encarar en estos tiempos al virus COVID-19, sortea en las calles otros rivales igual de abrumadores: las y los cochistas de la ciudad.

“No nos respetan, te ven en las calles y te avientan el coche”, señala al recordar un percance que afortunadamente sólo le costó un rin averiado, pero que le significó un gasto no contemplado y una pausa forzada en su dinámica laboral.

Poco más de 67 mil viajes en bicicleta se realizan todos los días en el Municipio —de acuerdo con datos de la SEMOVI—. Para este joven afilador, que desde hace 10 años forma parte de esta estadística, la demanda hacia los usuarios de vehículos motorizados es una:

“Lo que importa es el respeto, ellos a nosotros y nosotros a ellos. Así todos
podemos seguir nuestro camino”,
demanda.

Autoridades locales como la alcaldesa, Claudia Rivera Vivanco, y Jorge Eduardo Covián Carrizales, titular de la Secretaría de Movilidad, han llamado reiteradamente a las y los ciudadanos de la capital poblana a adoptar una cultura de movilidad que privilegie una convivencia pacífica entre peatones, ciclistas y automovilistas.

“Este es un tema de modificar hábitos, es un tema cultural y de tolerancia”, comentó Rivera Vivanco, precisamente el Día Mundial de la Bicicleta.

Hacia un proyecto consolidado de movilidad activa

Cuando el pasado 3 de junio el Gobierno de la Ciudad de Puebla anunció la
implementación de la estrategia Ciudad en movimiento, ciclovías emergentes, ciudadanas y ciudadanos como Claudia y Antonio celebraron con un “al fin” esta iniciativa.

Mediante 8 rutas que recorren y se vinculan con avenidas importantes de la
capital, la primera etapa de este proyecto comienza por establecer una dinámica de interconectividad con la infraestructura ciclista ya existente y las estaciones del Sistema de Transporte RUTA, todo, de acuerdo con la planeación y objetivos que el Programa de Movilidad Urbana Sustentable plantea para encaminar a la Angelópolis a alcanzar mejores condiciones de seguridad vial y accesibilidad.

“Todavía falta, porque podemos ver en el mapa que ciertos puntos se empiezan a unir, pero también vemos muchas áreas que siguen sin tocarse, sobre todo en las periferias. Y son, precisamente, esas zonas donde habitan las personas que se trasladan en bicicleta hacia sus lugares de trabajo, del lado sur al lado norte”, señala Claudia Orea, precisando que la siguiente apuesta para consolidar este proyecto de movilidad activa será alcanzar los 50 kilómetros de carriles temporales antes que termine el 2020 e impulsar, desde el Consejo y de la mano con la SEMOVI, la inclusión de las regiones aledañas del Municipio en esta segunda etapa.

Este proyecto se ha puesto en marcha y con él algunas resistencias, sin embargo, pese a las negativas e inconformidades de algunos sectores, el llamado por la defensa de la democratización de las calles continuará hasta lograr un equilibrio en los espacios: “Entiendo que, llevados por el miedo, la incertidumbre y la ansiedad, nos podemos aferrar a ideas pasadas o a no exigir soluciones, pero démonos chance como sociedad de probar cosas distintas, estamos en una situación que nos está exigiendo el cuestionarnos nuestro estilo de vida”, apunta Orea Berra ante la oportunidad que las ciclovías emergentes representan en lo colectivo, económico y ambiental.

El tiempo dirá si una prueba piloto –con miras hacia la permanencia— será la consecuencia inmediata de todo este plan, una vez superado el estado de
emergencia sanitaria. Hoy, todavía parece lejano el color verde del semáforo epidemiológico, entre tanto, la ciudad ya espera –y lo seguirá haciendo con paciencia virtuosa— la conclusión de este proceso de aprendizaje que ha sido más que tortuoso, largo y macizo.

Alcanzar una disminución del tráfico vehicular, reducir emisiones contaminantes al aire y frenar los hechos de tránsito son compromisos que todas y todos los ciudadanos le deben a Puebla. Un cambio de enfoque sí es posible, y pasar de una dinámica de cuatro ruedas a Nueva Normalidad en dos, también.