Dejar atrás una vida plástica: el reto que se frenó con la llegada del COVID-19

El reto que se frenó con la llegada del COVID-19

Por: Jessica Reyes

El 2020 iba a ser el año en el que, a nivel municipal, la ciudadanía se divorciaría del plástico, o al menos comenzaría con los trámites; el desuso progresivo de productos de unicel, bolsas de acarreo y popotes hechos a base de polietileno iba a sentar las bases de un cambio de hábitos de consumo en pro de la sostenibilidad nunca antes visto.

La política ecológica había sido aprobada por el Cabildo de Puebla el 23 de abril de 2019 y se encuentra vigente desde el primer día de enero de este año. Tiendas departamentales, empresas de autoservicio, así como pequeños y medianos locales de diversos giros, como papelerías, farmacias, cafeterías, abarroteras y restaurantes, formarían parte de un esfuerzo colectivo por detener la invasión plástica desde sus negocios.

El 30 de abril y el 30 de julio iban a ser las fechas límite de los periodos de gracia que las y los comerciantes tenían para adaptarse y asumir la responsabilidad social que dicta el Código Reglamentario Municipal (COREMUN). Las bolsas de acarreo y popotes plástico iban a ser los primeros productos en dejar circular, mientras que los envases de unicel los alcanzarían en la prohibición tres meses después.

Como consecuencia del brote y la propagación del virus COVID-19, la capital poblana vio interrumpida la efectividad de esta normativa. Los trabajos de inspección al comercio establecido, a cargo de la Dirección de Medio Ambiente municipal, se frenaron en acato a las disposiciones preventivas de contagios, marcadas por la Secretaría de Protección Civil y Gestión Integral de Riesgos, dada la dinámica de la pandemia a nivel nacional.

Sin una figura punitiva —al parecer necesaria como recordatorio o como sayón— la situación del plástico nunca se detuvo, no se fue para volver con la contingencia sanitaria. A esta problemática se le continúan agregando día a día más y más desechos para formar una cadena de degradación que necesitará casi los mismos años que la edad de la Ciudad de Puebla, 489 años.

David es un recolector voluntario que todos los martes, jueves y sábado sale a las calles a realizar labores de separación de residuos y reciclaje. “Cuando la quincena llega a caer en fin de semana, es cuando más basura plástica
encuentro, tanto de la que se recicla y de la que no nos compran (…) Hay algunos vecinos que ya nos tienen separado el material, se les agradece, pero no son todos, y ahorita, si llego a ver un cubrebocas entre todo esto yo ya no pepeno; aunque no son épocas para andar desperdiciando trabajo, prefiero no arriesgarme”
, relata.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Gobierno de México, cubrebocas, caretas, guantes y demás insumos médicos desechables, por su utilidad sanitaria para eliminar la transmisión y salvar vidas, son prácticamente inevitables en estos tiempos de brote y picos de contagio, fundamentalmente para todas aquellas personas que combaten al virus desde el sector salud. Para la población con sintomatología compatible con el virus COVID-19, así como la que se considera de riesgo por su edad o padecimientos subyacentes, la recomendación es protegerse con mascarillas médicas.

Para el resto de la ciudadanía, limitarse a emplear alternativas reutilizables y descartar productos de un solo uso es posible. La OMS ha hecho un llamado a las autoridades locales para fomentar la utilización de mascarillas higiénicas de tela “cuando haya una transmisión comunitaria generalizada, y particularmente en lugares donde no sea posible aplicar el distanciamiento físico, como en medios de transporte público, tiendas u otros lugares cerrados o concurridos”. De igual forma, esta instancia ha precisado que lavarse las manos con frecuencia proporciona más protección ‎frente al contagio del coronavirus que usar guantes de goma.

Desde su ámbito de experticia, Ismael Couto Benítez, titular a cargo de la Dirección de Medio Ambiente del Municipio de Puebla, considera la contaminación por plásticos y su impacto ecológico un tema de salud de pública. Hace dos años, la ONU Medio Ambiente ya había sentenciado, de igual forma, esta situación: “si no se toman medidas, para el 2050 existirán cerca de 12 mil millones de toneladas de desechos plásticos repartidos en vertederos y en la naturaleza. Alrededor de 13 millones de toneladas de estos residuos son vertidos en los océanos cada año, afectando la biodiversidad, la economía y potencialmente nuestra salud”.

“Tal vez en Puebla no hacemos conciencia aún, aunque no tenemos mares, todo este plástico que no termina en una disposición adecuada, acaba ahí (en los océanos) o en dos de los ríos más contaminados del país; el Atoyac y el Alseseca, o si bien nos va, en el relleno sanitario, donde aguardará hasta 500 años para degradarse”, explica Couto Benítez.

Atender las dinámicas de consumo no sustentable de estos sintéticos depende no sólo de la implementación de una política pública, sino también de la voluntad civil y la participación de los sectores productivos para impulsar, de la mano de la normatividad, un nuevo sistema de valores que ayude a mejorar las condiciones ambientales de la Angelópolis.

“Es una medida que va más allá de lo prohibitivo, se trata de una apuesta por el cambio de hábitos; demostrar como ciudadanía que podemos ser más
responsables y que hacemos nuestra parte en pro de una cultura ambiental(…) Estos tres pequeños cambios van a ser la base para poder migrar a cambios mucho más trascendentes, en ámbitos que van más allá de la sustitución de materiales; a un nivel de movilidad o de autosuficiencia alimentaria, para que podamos vivir la sustentabilidad desde otra perspectiva, sabiendo que no se trata nada más de lo que el gobierno puede regular, sino de cómo todas y todos podemos contribuir”
, agrega Ismael.

Lo que te toca y me toca; responsabilidad ciudadana como consumidores

En México, anualmente se usan hasta 20 millones de bolsas plásticas y a producir 350 mil toneladas de unicel, de acuerdo con datos proporcionados por la Secretaría de Desarrollo Urbano y Sustentabilidad del Ayuntamiento de Puebla. Las cualidades de estos materiales, como su portabilidad, ligereza y bajo costo de producción hicieron de su consumo una tendencia, y sin importar el alto costo ecológico de esta dinámica, se arraigó en la cotidianidad de la gente bajo una cultura de usar y desechar.

Alicia Alvarado y Javier Xicoténcatl son locatarios de una abarrotera y una pollería, respectivamente, en la colonia Xilotzingo. Al día, cada uno recibe aproximadamente a 70 clientes en sus pequeños comercios.

“Tres o cuatro personas son las únicas que llegan a traer sus propias bolsas o recipientes para despacharles sus productos”, refieren ambos, como si se
hubieran puesto de acuerdo.

Llevados por el miedo a perder clientela, Alicia y Javier suelen ceder a la demanda de la ciudadanía y procurar su comodidad. Cuando prohibieron las bolsitas era más gente la que traía sus tuppers, pero con el tiempo dejaron de hacerlo y también algunos dejaron de venir (…) Luego se molestaban si les decíamos que ya no dábamos plásticos y nos amenazaban con irle a comprar al otro”, señala la señora Alvarado.

En la capital poblana, mil 734 negocios ofrecen sus productos desde abarroteras, recauderías, carnicerías, pescaderías, pollerías, así como tiendas de granos y semillas —de acuerdo con el padrón de registro de comercios locales, obtenido de la Tesorería Municipal—. Si estos negocios compartieran una dinámica y proporción de venta similar a la de Alicia y Javier, llevándose cada uno de sus 66 clientes un mínimo de dos productos y una bolsa plástica por cada uno de ellos, diariamente estarían circulando 228 mil 888 bolsas sintéticas, tan sólo por estos establecimientos.

Este cálculo rápido —que probablemente se queda corto, dada la variabilidad de venta de cada giro y la cantidad de insumos que suelen empacarse individualmente, como las frutas y verduras— no incluye los ejercicios masivos que suceden en las grandes cadenas comerciales ni en los mercados o en la Central de Abasto. Faltaría agregar lo generado en restaurantes, cocinas económicas y lugares de comida rápida, donde se suele entregar el paquete completo; envases, platos, cubiertos y bolsa de acarreo.

Planificar antes de salir por provisiones, llevar bolsas y recipientes de reutilizables y rechazar productos sintéticos, son pequeñas acciones que la organización no gubernamental Cero Plástico invita a poner en práctica para comenzar a transitar hacia un estilo de vida más sostenible.

Los bioplásticos no son la solución

Cero Plástico, dio a conocer recientemente que los materiales biodegradables no son la alternativa salvadora que el imaginario colectivo creyó haber encontrado. Su degradación todavía se encuentra condicionada por variantes que requieren de una infraestructura especial para cumplir con su grado ecológico. Además, su implementación continúa representando, en la mayoría de los casos, una cultura de consumo no sustentable; la de usar y tirar.

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