Tatuadores poblanos rompen estigmas sociales y se adaptan a la Nueva Normalidad

Tatuadores poblanos rompen estigmas sociales y se adaptan a la Nueva Normalidad

Por: Paulina Islas

En el contexto de la pandemia por Covid-19, diversas actividades económicas se han visto afectadas, sin embargo, poco se ha hablado de las repercusiones en actividades como el tatuaje. Lupe Trujillo y David Ramírez, tatuadores poblanos, atribuyen que el poco interés por abordar este tema se debe al estigma que rodea esta actividad.

Existen lugares como embotelladoras, procesadoras de alimentos y demás que, por norma, deben seguir ciertos protocolos de higiene, eso les ha permitido adaptarse a las medidas sanitarias del Gobierno Federal con mayor facilidad ante la presencia del virus SARS-CoV-2. Los estudios de tatuaje, de igual forma, cuentan con nomas de higiene y salubridad muy específicas, para lo que se requiere una Tarjeta de Control Sanitario para tatuadores, micropigmentadores y perforadores, expedida por la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios.

A pesar de ello, David argumenta que las personas siguen viendo a los estudios y a aquellos que laboran ahí como carniceros “debemos cambiar el concepto de un lugar de mala muerte. Mucha gente aún tiene la idea de que reutilizamos las agujas, no se desinfecta bien el material o no hay medidas de higiene, súmale el COVID, pues peor”.

Ambos coinciden en que las regulaciones sanitarias van a tener que ser aún más estrictas y minuciosas. David, cuyo primer estudio se adaptó en un consultorio médico, ha realizado cursos para certificarse en procesos de asepsia y primeros auxilios, de igual forma se actualiza continuamente sobre nuevos materiales de curación, cicatrización e higiene.

“No necesitamos que la gente se sienta en confianza, necesitamos que la gente se sienta segura, que sienta que el trabajo que va a recibir ahí es casi una cirugía. Quizá ese es el camino que debemos ir tomando, alejarnos de las ideas de solo sentirnos chidos y en ambiente, para hacer un trabajo más profesional”, remata Lupe.

“La gente siempre va a tener ganas de tatuarse”

La aparición de la pandemia por COVID-19 está afectando mundialmente al tatuaje. David cuenta con un socio en España, y se han percatado que el miedo a los contagios ha frenado el trabajo en ambos países. En el caso de Lupe, ha recurrido a realizar trabajos a domicilio y, dado que es su actividad laboral primaria, refiere que no puede darse el lujo de no tatuar por el tiempo que dure el aislamiento voluntario.

“Busco las menores posibilidades de riesgo para llegar a mi destino, no usar el transporte público para llegar a la casa, hacer mi trabajo y regresarme a mi casa”, explica.

David también ha recurrido al trabajo a domicilio o ha recibido llamadas de sus clientes que tenían citas agendadas para mover las fechas. En ambos casos, con la disminución en las citas y el aumento en los costos del material de hasta el 100 por ciento en algunos casos, hace que ya no puedan trabajar únicamente de tatuadores. Así, para no dejar de trabajar en lo que les apasiona y adaptarse a la Nueva Normalidad, tendrán que buscar alternativas que den a sus clientes la tranquilidad que buscan al realizarse un procedimiento de este tipo.

“Definitivamente tienen que cambiar muchas cosas, si antes te ponías el cubrebocas para tatuar y te lo quitabas inmediatamente al terminar para platicar con el cliente y darle indicaciones, ahora vamos a tener que dejarnos el cubrebocas hasta que el cliente se vaya, incluso usar caretas”, indica David.

En un sentido similar, Lupe describe la sala de trabajo de un tatuador y perforador de Tehuacán, que puede ser una forma de avanzar e incorporar medidas de la Nueva Normalidad en esta actividad. “Es una sala quirúrgica. Ese güey tiene todo blanco, todo esterilizado, aluminio y no necesita mostrar una imagen fuerte o grotesca, te lo muestra en un sentido más real y sincero”.

“Esta chido vivir el tatuaje rudo, barrio, pero en la técnica y creación, debemos estar un paso adelante”, refiere.

Al mexicano, percibe Lupe, le gusta sentir dolor, vivir el tatuaje rudo, la fuerza y, al mismo tiempo, es exigente y le gusta la calidad. “Realmente de los públicos más exigentes que pueda yo tener, es el mexicano. He tatuado franceses, alemanes, noruegos. El mexicano conoce y sabe de gráfica, tiene mucho conocimiento de lo que es una imagen”, destaca. Él llegó al tatuaje a través de la estética y la filosofía del arte. Interesado por el dibujo, define su estilo como una mezcla de corrientes tribal y vectorial, buscando plasmar en sus trabajos la estética del cuerpo e imagen.

David, con un estilo old school y geométrico, en la construcción de su tesis de licenciatura identificó que el mexicano es respetuoso con el tatuaje, ya sea por el tabú que trae consigo o por miedo a las consecuencias sociales del mismo. Para él, esta expresión corporal es un símbolo de pertenencia, creador de vínculos y conexiones que tendrán que esperar a que la emergencia sanitaria acabe para plasmarlos nuevamente en las pieles de quienes lo busquen.

En México y el mundo, esta expresión cultural tiene un origen milenario como forma de expresión con sentido social, simbólico y mágico, señala Jorge Gómez-Valdés, doctor en antropología por la UNAM; datando el caso mexicano más antiguo entre los años 900 a.C. al 1521 d.C., señala una edición especial de la Gaceta de la UNAM donde se aborda el tatuaje desde enfoques histórico, médico, forense y social.

Sin embargo, su origen no elimina el estigma y los estereotipos en torno a esta expresión. “Siempre va a existir, esa clase de tabús no se quitan”, menciona Lupe, describiendo el ambiente de parrandeo, la falta de responsabilidad con el material, el equipo y las instalaciones que la sociedad relaciona con el tatuaje y se ha presentado a lo largo de muchos años en un sector social específico que, hasta el día de hoy, no se puede desligar: “sigue siendo del barrio y para el barrio”.

Por ello, David insiste en la necesidad de cambiar ciertas actitudes dentro de esta actividad que desaniman a las personas: “En algún momento fui a un estudio y quien me atendió, que era el dueño, estaba ebrio. Le pregunté por el costo de un tatuaje, pero me advirtió que alcoholizado trabajaba mejor. Por esta vieja escuela sigue el estigma “, relata.

Nuevamente, aunque con técnicas y trayectorias distintas, ambos coinciden en la necesidad de transformar prácticas dentro de los estudios, mejorar la reglamentación sanitaria y profesionalizarse, con lo que, poco a poco, los tabús, el estigma y la segregación de esta actividad económica irán desapareciendo.