Más que un bocado, implicaciones de un estado de salud y bienestar integral

Implicaciones de un estado de salud y bienestar integral

Por: Jessica Reyes

La emergencia sanitaria por el virus SARS-CoV-2 ha reclamado a México, al gobierno y su gente una reingeniería integral de sus esquemas de alimentación y de salud debido a que el nuevo coronavirus está aprovechándose del estado lacerado demás de 82 millones de adultos con obesidad, hipertensión y diabetes.

De acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) 2018, aproximadamente 62.1 millones de connacionales padecen sobrepeso y obesidad, el 75.2 son adultos de más de 20 años. A la par, 8.6 millones de personas de este grupo de edad vive con diabetes y 15.2 millones tiene hipertensión arterial.

El pasado 28 de julio, el subsecretario de Prevención y Promoción de Salud, Hugo López-Gatell, dio a conocer que el 67 por ciento de las 41 mil 908 personas que habían fallecido al 23 de julio por la COVID-19 padecían alguno de estos tres trastornos crónicos o una enfermedad cardiovascular. La comorbilidad por estas afecciones –dejó en claro el subsecretario— ha contribuido y propiciado la mortalidad de las y los mexicanos durante la pandemia.

“El COVID reveló, de una manera por demás dramática, cómo la salud deteriorada de una naciónpuede tener una consecuencia enorme e inmediata sobre la capacidad deresistir una enfermedad infecciosa emergente que hoy afecta a la humanidad en su conjunto”, constató López-Gatell.

Obese man stretching neck muscles, back pain problems caused by overweight

Frente a la prevalencia de padecimientos crónicos vinculados directamente con una mala alimentación y con un estilo de vida no saludable, el Gobierno de México presentó el pasado 29 de julio la estrategia nacional Alimentación saludable, justa, sustentable y económica, programa que coordinará esfuerzos interinstitucionales para atender, de manera integral y a largo plazo, el reto en materia de salud pública que apunta por la reducción en el consumo de productos ultra procesados, el rescate de la seguridad alimentaria y la cultura culinaria regional, la promoción de la lactancia materna, así como el fortalecimiento de la nutrición escolar, y el impulso de un sistema de producción sostenible en las comunidades de vocación agrícola.

Bajo la visión de un “bienestar articulado”, se anunció este plan multisectorial y cooperativo, donde participarán instancias federales como Agricultura, Medio Ambiente, Salud, Economía, así como el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), la Procuraduría Agraria, la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) y la propia Secretaría de Bienestar federal.

Entre las características principales de esta estrategia está regionalizar las acciones a través de comités ciudadanos. Mediante la autogestión y la cohesión comunitaria, se pretende permear en la conciencia colectiva, a fin de reorientar los hábitos de consumo hacia un equilibrio entre la salud, la alimentación y los espacios de vida, como ejes rectores.

Las cosas ya están cambiando a nivel local

Todo comienza con la revalorización de la actividad campesina. Puebla capital es un territorio que vive entre la dualidad urbana y rural. A la periferia de la metrópoli, la ciudad aún sostiene 10 localidades de vocación agrícola con el potencial de ser la base de la cadena de producción alimenticia en el Municipio.

De acuerdo con la Dirección de Desarrollo Rural del Ayuntamiento de Puebla, la cultura de la milpa representa uno de los componentes principales que permiten combatir el hambre en la Angelópolis y generar condiciones de seguridad alimentaria entre los sectores más vulnerados. “Los habitantes y productores del medio rural tienen que volver a ser reconocidos como sujetos de derecho y como los principales actores del desarrollo”, señaló en entrevista para El Incluyente, Pascual García Aguilar, director de este organismo.

A partir de un ejercicio que sacude la antigua estructura del asistencialismo al sector ejidal, refiere García Aguilar, se han emprendido acciones que marcan el inicio de un rescate comunitario de los suelos locales, su fertilidad y explotación sustentable; los cultivos nativos, como el maíz, árboles frutales y hortalizas; la producción de agricultura urbana a nivel familiar y la iniciación temprana, con escolares, en una cultura ambiental, entre otras acciones de cohesión social.

Este año, en un esfuerzo por devolverle su vocación agrícola a 568 parcelas de igual número de productores, a través del Programa de piloto para la recuperación de suelos agrícolas 2020, 250 toneladas de vermicomposta fueron integradas a la tierra de 20 comunidades ejidales y Juntas Auxiliares a fin de combatir, con una solución orgánica, la erosión por el uso excesivo de fertilizantes y agroquímicos que se dio en años pasados. Asimismo, en el 2019, se fortaleció la producción del campo con la estrategia Cultivando Bienestar, la cual dotó a 16 de estas mismas localidades productoras con 18 núcleos de maquinaria agrícola comunitaria. Con tractores, empacadoras, sembradoras y cosechadoras-desgranadoras, no sólo se impulsó una actividad más eficiente, sino que se recuperó la dinámica asociativa entre los campesinos, explicó el director de Desarrollo Rural.

“Esto es para continuar por la defensa del territorio, si la gente del campo sigue valorando sus tierras, obviamente las van a cuidar para seguir sembrando (…) queríamos que este sector levantara la mano y hacer visible el potencial y el valor que sostienen; una sociedad sin campesinos tiene muy pocas posibilidades de alimentarse en un futuro”, agregó.

Actualmente, esta Dirección tiene a resguardo 120 muestras de maíz nativo. Con base en un padrón de productores locales, se impulsa el rescate y propagación de esta siembra, a fin de convertir a las comunidades agrestes en guardianes de la semilla. “Hemos descubierto que el maíz nativo tiene una gran capacidad de adaptación al cambio climático (…) los agricultores de manera tradicional y cultural realizan una selección de los mejores ejemplares, de los granos que mejor se adaptaron en ese año de sequía, de lluvias torrenciales o de incremento en la temperatura. Es un proceso de mejoramiento genético que se da año con año gracias a los agricultores, por ello es una gran alternativa para hacer frente al cambio climático”, explicó Pascual.

Previo a la pandemia, de manera simultánea se atendía la seguridad alimentaria de la niñez y las familias de la capital poblana desde dos círculos primarios de formación, la escuela y el hogar. El Sistema Municipal DIF (SMDIF) ejecutaba el programa federal de Asistencia Social Alimentaria en el primer sector, através de desayunadores escolares. Mientras que la Dirección de Desarrollo Rural implementaba una iniciativa de producción autogestora de alimentos en las 17 Juntas Auxiliares.

La integración comunitaria era –y continuará siendo, precisan sus titulares— la esencia de la operatividad de ambas estrategias.

Por un lado, con la creación de comités de padres y madres de familia voluntarios que cohesionaban en favor del acompañamiento nutricional de más de 48 mil niñas y niños beneficiarios menús que cumplen con los requerimientos esenciales del plato del buen comer y la jarra del buen beber –en su modalidad de desayuno caliente—, pláticas de orientación nutricional a niñas, niños y sus tutores, así como un esquema de levantamiento de peso y talla de los menores para tener estadísticas anuales que permitan monitorear su progreso.

Por el otro lado, la instalación de 17 módulos demostrativos que capacitaban a comunidades en situación de rezago y carencias sociales en procesos de cultivo de hortalizas, árboles frutales, composteo, producción de huevo criollo y formación de agronegocios. Tan sólo en el 2019, mil 32 habitantes habían recibido un acompañamiento de este tipo.

“El ser humano, desde etapas tempranas, tiene que saber cómo alimentarse para prevenir enfermedades crónico-degenerativas que están ligadas directamente con la nutrición”, explicó Luis Armando Soriano Peregrina, director de Programas Comunitarios del SMDIF.

Dado el escenario epidemiológico en la entidad, estos programas, iniciativas y estrategias se encuentran por el momento en un estado de ajuste o migración a modalidades a distancia para seguir garantizando condiciones de bienestar integral, en la medida de sus facultades. Como respuesta para atender la salud y nutrición a un nivel clínico de la ciudadanía poblana, el Ayuntamiento de Puebla lanzó la estrategia Sentirse Bien. A partir del 15 de agosto, de forma paulatina se habilitarán 25 espacios de consultas médicas gratuitas en todo el Municipio.

Con la apertura de centros fijos, móviles y semimóviles, la población contará con médicos generales, enfermeros, psicólogos, fisioterapeutas y nutriólogos para atender padecimientos ajenos –y potencialmente de morbilidad asociada— al COVID-19.