Adoptar en medio de una pandemia: un acto de amor y responsabilidad a distancia

Adoptar en medio de una pandemia: un acto de amor y responsabilidad a distancia

Por: Jessica Reyes

“El viernes se llevaron a Paquito, se fue a vivir a un departamento. Yo lo fui a dejar porque necesitaba verificar las condiciones de su nuevo hogar”.

Gaby ha nombrado 17, 46, 113 perros, un centenar más que hasta ha perdido la cuenta. Hace dos años que su día a día laboral implica una convivencia puramente animal; se avistan cinco humanos en el lugar; un guardia, dos médicos veterinarios y un par de colegas que, en conjunto cuidan, rehabilitan y apapachan –como ella lo describe —11 gatos, dos conejos y 50 canes de todas las tallas, mezclas, colores, dolores y traumas, expectantes de que su alojamiento en la estancia canina municipal de Geovillas del Sur también sea temporal.

Paquito es un perro mestizo blanco, de talla chica y descrito por sus cuidadores como “tímido y comelón”. Llegó a resguardo del Departamento de Protección Animal del Ayuntamiento de Puebla hace tres meses junto con su mamá y tres hermanos. Él, como la mayoría de los perros pequeños y que además son cachorros, encontró una familia adoptante ocho veces más rápido que los perros grandes en tamaño y edad.

Como encargada de la limpieza y alimentación de las mascotas que llegan a la estancia, Gabriela García Moreno se dedica hacer de los espacios del refugio un hogar transitorio digno para todas las especies. Dentro de la rutina diaria en este recinto, además de procurarles con un techo, croquetas, agua y atención médica especializada y les brinda hasta seis horas de recreación en las áreas verdes del lugar para mantenerlos activos y fomentar el juego entre los ejemplares. “Para que un perro pueda ser adoptable necesita estar sano y ser sociable”, explica Gaby.

Así como Paquito, en lo que va del 2020, sólo 93 perros y 12 gatos encontraron una segunda oportunidad de vida, a lado de poblanas y poblanos que creyeron en la adopción como la alternativa más humana para hacer crecer la familia. De acuerdo con datos de la Secretaría de Infraestructura y Servicios Públicos capitalina, otros 163 animales de compañía, bajo resguardo de esta instancia, se encuentran a la espera de correr la misma suerte.

Las restricciones en la vida social que ha arrastrado consigo la pandemia por COVID-19, han permeado en los esfuerzos de emplazamiento de las mascotas en la Angelópolis. Gaby refiere que, previo a la contingencia sanitaria, entre finales del 2019 y principios de este año, por cada jornada de adopción que realizaban semanalmente en el Barrio de Analco, mínimo 10 canes se iban a un nuevo hogar permanente. Actualmente, sólo uno o dos ejemplares alcanzan esta meta.

La modalidad de adopción en línea ha permitido que esta dinámica no se frene de lleno. Las redes sociales se han convertido en una herramienta para popularizar este noble acto y viralizar a las especies que continúan en espera: sus características físicas para considerar el espacio que necesitarán, así como su temperamento, edad y posibles requerimientos especiales. Esto permite a las o los interesados decidir de manera informada sobre la mejor opción de ‘lomito’ adoptable.

“A Paquito lo vieron en internet y por eso se lo llevaron. Cuando lo fui dejar ya lo estaban esperando con su cama, sus trastes, alimento, correa, collar, todo”.

Con la migración hacia este esquema a distancia, otros procesos también se han adaptado por el bien de las pequeñas especies. Aprovechando la inercia de cambio y derivado de la transición a color naranja en el semáforo epidemiológico en Puebla, ahora las personas cuidadoras, como Gaby, verifican personalmente las condiciones del hogar de acogida de los candidatos adoptantes. “Además del seguimiento que veníamos haciendo a través de fotografías que nos enviaban por WhatsApp, ahora hacemos visitas para checar los espacios que brindarán a la mascota. Necesitamos saber en qué casa se van a aquedar y que realmente tengan un lugar adecuado para vivir”.

Un animal que experimentó el abandono, la calle y el maltrato, —en voz de Gabriela —tiene la oportunidad de reiniciar su vida dos veces: la primera ocurre cuando es rescatado, nombrado y rehabilitado y, posteriormente, en el momento en que la firma de un Contrato de responsabilidad le otorga un apellido y un nuevo hogar. La experiencia con los centenares de mascotas que llegan a la estancia y se quedan o se van, le ha permitido a García Moreno constatar que los perros que tuvieron una familia y después fueron desamparados tienen menos posibilidad de rehabilitarse social y físicamente para ser adoptados en un futuro.

“Suelen descompensarse por el estrés y el trauma del abandono, dejan de comer, desconocen y, por lo mismo de que estaban acostumbrados a un espacio y ciertas personas, les cuesta mucho más trabajo (…) los callejeritos son lo que menos problemas tienen para adaptarse y socializar, normalmente son los que vienen desnutridos, pero aquí empiezan a ganar peso y son los que más se prestan a la interacción”.

Contrastando esta situación con el hecho de que México ocupa el tercer lugar en América Latina por abandono y maltrato animal, y siete de cada 10 mascotas acaban en la calle o en una azotea –de acuerdo con la información de la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial de la Ciudad de México (PAOT) —, queda clara la urgencia de hablar sobre tenencia responsable a la par de la adopción.

Adoptar y pensar en ‘el después’

“A lo mejor en este tiempo de pandemia, entra la idea de adoptar, pero tienen que pensar en el ‘después de’, porque después todos van a regresar a la escuela, al trabajo y ¿qué va a pasar con esa mascota?”, cuestiona Gaby.

Expertos en bienestar animal han reiterado en innumerables ocasiones las implicaciones y responsabilidades que conlleva llevar una vida canina o felina a casa. Para garantizarle un estado de plenitud físico, mental y de desarrollo, como adoptante responsable se deben hacer valer las 5 libertades que la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) propone como derechos de las mascotas de compañía:

  1. Libre de hambre, sed y desnutrición: siempre con la posibilidad de beber agua limpia y fresca, además de una dieta sana y suficiente para su especie, etapa fisiológica, peso y/o ausencia o presencia de alguna enfermedad.
  2. Libre de dolor, lesiones y enfermedades: brindarle acceso a medicina preventiva, vacunas, desparasitaciones, así como cuando se enferme o lesione, que cuente con asistencia médica veterinaria.
  3. Libre de inconformidades físicas o térmicas: proporcionarle un ambiente seco, libre de sol o lluvia y frío. Garantizarle un espacio cómodo para desarrollarse y descansar.
  4. Libre de miedos y angustias: evitarle el sufrimiento psicológico.
  5. Libre de expresar su vitalidad animal: facilitar un área y compañía de animales de acuerdo con sus necesidades de desarrollo, como la de socialización.

Existen otros factores a considerar antes de acoger a una pequeña especie. Planear y analizar las variables que implica adicionar un compañero peludo al micro universo familiar, reduce la posibilidad o riesgo de un abandono futuro, aseguran especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM):