Sobrevivir a la pandemia, el reto económico de los negocios familiares en Puebla

Por: Jessica Reyes

Hoy no nos hemos persignado en todo el día

Son las cuatro de la tarde, faltan sólo dos horas para cerrar el negocio y ni un solo cliente ha entrado a La Fonda la Compañía a pedir un antojito mexicano, una torta compuesta o una orden de comida corrida. Es un sábado atípico de septiembre. Nueve mesas vacías se han quedado por seis horas –y contando —sin probar en el mantel una gota perdida del mole que se sirve.

“Hoy no nos hemos persignado en todo el día, son las cuatro de la tarde y no nos hemos persignado”, repite Don José Luis Martínez, dueño de este espacio culinario. Hace más de 10 años él y su esposa levantaron en medio del patio de una vieja casona su negocio familiar. Su hijo, su nuera y su cuñado colaboran y también dependen del ingreso que pueda generar esta cocina.

La reactivación económica no les ha llegado. Si bien, desde el pasado 7 de agosto el gobierno del Estado anunció la reapertura parcial de restaurantes para brindar servicio en mesas, con un aforo del 30 por ciento, únicamente pudieron “regresar” aquellos establecimientos que contaban con espacios abiertos o terrazas. La Fonda la Compañía tuvo que esperar 20 días más para tener la autorización de volver a servir sus guisos en platos de cerámica, al interior del lugar y no sólo para llevar.

La temporada de vacaciones, los días festivos como el 15 de septiembre, así como el inicio de clases, solían ser fechas de concurrencia, refiere Don José Luis, pues al estar ubicados en la 4 Norte 3, las universidades, preparatorias y los museos de la zona les ayudaban a generar hasta el 75 por ciento de sus ganancias, ingresos que en estos tiempos de coronavirus no perciben.

“Esta zona no se va a recuperar hasta que no haya clases presenciales. Aquí hay papelerías, copiadoras, librerías y nosotros, que dependemos de la actividad escolar”. Sin turistas ni estudiantes el panorama es desalentador y amenazante al mismo tiempo.

Con los museos –reabiertos el pasado primero de septiembre— y la vuelta de otros negocios aledaños, La Fonda la Compañía espera aumentar sus ventas, aunque sea en un 10 por ciento.

Algunos de sus vecinos, compañeros de calle en el negocio del servicio al cliente ya han tenido que bajar la cortina permanente. “Mi compañero de aquí de la papelería ya se fue, enfrente de nosotros ya tampoco abren”.

De acuerdo con datos de la Secretaría de Economía estatal, en cuatro meses de pandemia, de marzo a julio, se perdieron alrededor de 40 mil empleos formales y, según lo reportado por la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (Canirac), el cargo que hizo la pandemia por COVID-19 a este sector fue el quiebre de 95 establecimientos en tres meses, de marzo a junio.  

Costear la renta, solventar gastos del local, mercancías y salarios no es sencillo en medio de una doble crisis. Para Don José Luis, trabajar para sólo alcanzar a pagarle al casero no es una situación justa ni sostenible. Lo que se supondría como etapa recuperación, explica, para ellos y para todos los comercios que dependen de otro sector económico-social, significa ver cómo otros comienzan a levantarse mientras ellos se tambalean.

El regreso no significa que la gente ya tenga posibilidades de gasto, esto es poco a poco y de la mano de otros”, señala.

Diversos negocios de composición familiar y a pequeña escala, como La Fonda la Compañía apelan hoy más que nunca a la solidaridad y preferencia ciudadana para subsistir en la competencia comercial. El consumo local les permite permanecer en el espacio público, arrastrar otras economías y redes también locales, como proveedores, productores o repartidores, y competir contra franquicias, cadenas internacionales y otros establecimientos del mismo giro.

Según datos de la Encuesta Nacional sobre Productividad y Competitividad de las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas (ENAPROCE) realizada en 2018 por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), las pequeñas y medianas empresas (PyMEs) aportan el 52 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) del país y generan el 78 por ciento de los empleos a nivel nacional. Estas cifras enmarcan la importancia de gastar haciendo comunidad, para sostener el tejido del comercio de proximidad poblano que generar un efecto económico multiplicador.

10 mil pesos para lo que les resulte más urgente

El pasado 9 de septiembre concluyó la segunda etapa de apoyos económicos al sector comercial y empresarial de la Angelópolis. Tanto locatarios del Centro Histórico como microempresas poblanas tuvieron la oportunidad de acceder a un subsidio municipal de 10 mil pesos. En total, 500 y mil apoyos directos, respectivamente, fueron gestionados como parte de una estrategia del Ayuntamiento para mitigar las pérdidas monetarias y de personal de estos sectores.

Negocios formales como el de Don José Luis se han inscrito para participar por uno de estos beneficios y, así, tener un empuje económico que les permita sostener la vida comercial de sus establecimientos por un poco más tiempo.

En La Fonda la Compañía no hay bullicio físico. Las estufas y parrillas se han quedado heladas, ni órdenes ni propinas se han corrido en ese sábado atípico de septiembre que, espera Don José Luis, no vuelva repetirse. Con esperanza llama a mejores tiempos: “La vida le regala a uno alegrías que nos mantienen flote”, menciona. En uno de los peores días para su negocio, donde la caja registradora no ha marcado entrada alguna y los mandiles de su familia se mantienen inmaculados, el llanto de su nieto se alzó por primera vez en algún hospital de Puebla.

En ese sábado atípico de septiembre, Don José Luis celebró entre mesas vacías, con su esposa y su cuñado, el nacimiento de una razón más para resistir a la pandemia y sus consecuencias.