Señalética a pulso; el hacedor de las guías del camino

Señalética a pulso; el hacedor de las guías del camino

Por: Jessica Reyes

A 30 kilómetros por hora es difícil percatarse de sus detalles más no de su presencia, pues la velocidad misma es una de sus marcas personales. Rodando en bicicleta también es imposible distinguir sus cualidades, sólo un groso azul y una figurilla blanca que resplandece al paso para advertir del recorrido de algunos pedales arrítmicos.

El andar en zapatillas que deprisa cruza la esquina con una niña en cada mano también se lo ha perdido, a las tres miradas dispersas en medio del empuje automotor les basta saber que el tablero amarillo les procura y prioriza.

En una realidad urbana donde la mecanización del trabajo humano es cada más expansiva, el oficio de Gregorio Rosas Fuentes se sostiene, todavía a pulso y de manera 100 por ciento manual elabora -desde cero- toda la señalética vertical que la Secretaría de Movilidad del Municipio de Puebla (Semovi) instala para custodiar los arroyos vehiculares de la ciudad.

Así, detrás de la conformación de una zona 30, la ampliación de una ciclovía o la mejora de una calle con un cruce peatonal a nivel banqueta, está el trabajo de ‘Goyo’, placas de aluminio con forma, textura, color y sentido iconográfico que contribuyen al ordenamiento y a la seguridad vial de toda la ciudad.

Según la Norma Oficial Mexicana (NOM) de señalización vial, la señalética vertical es un conjunto de signos en láminas que tienen el propósito de prevenir, regular y guiar al tránsito en las calles, con base en la geometría y reglamentaciones de estas.

 “La señalética nos da a entender de qué trata cierta avenida o qué hay más adelante en la calle […] son tableros que marcan las reglas: dan preferencia, advierten y cuidan, por eso son importantes”, comenta Goyo para El Incluyente.

Desde hace siete años, en un pequeño taller ubicado al costado de la Estación de Bomberos Madero, Gregorio lija, barrena, empapela, muestrea, traza, corta, rotula y filetea a mano -con herramientas de elaboración propia para la mayoría de los procesos- todas las placas que requiere la Semovi para señalizar la ciudad.

Un proceso de creación artesanal

Goyo aprendió de Don Fidencio el oficio de crear tableros e íconos destellantes a partir de pliegos de lámina en bruto. La transición del color gris de ésta al blanco, azul, amarillo o rojo, según la señalética a trabajar, requiere en el proceso de manos avezadas al detalle y a la precisión.

De los cuatro tiempos que toma hacer este elemento de infraestructura vial, el barrenado es el único en el que se utiliza una maquinaria, pues la elaboración de los orificios de anclaje del tablero requiere de una prensa de taladro radial. El resto del trabajo, explica Goyo, se hace completamente a mano.

Una vez que se termina de perforar la lámina y se lija, se corta a la medida el papel reflejante y se empapelan uno a uno los tableros. Los fondos blancos y amarillos requieren de un proceso de trazado y rotulado diferente en material y en técnica que los azules y los rojos.

Gregorio refiere que, estos dos últimos tipos de tableros requieren de elementos gráficos en blanco, por lo que no se pintan, se cortan del papel reflejante también.

“La pintura blanca no es tan brillosa como el papel, y lo ideal es que resalte lo más que se pueda […] también por el rendimiento en la calidad del material, porque nos dimos cuenta que el sol se comía muy rápido la pintura blanca y la iba poniendo muy opaca”, relata.

De esta forma, en lugar de marcar directamente sobre el tablero y pintarlo con pintura de esmalte –como sucede con los otros dos tipos de señalética –, Goyo tiene que delinear letra a letra y recortar ícono por ícono a pulso, utilizando sólo una charrasca.

Entonces, los signos y símbolos que no se pegan, se entintan con brocha. Al límite del error que significa salirse de la línea, Gregorio compone a pinceladas el sentido pictórico de las placas de paso peatonal, zona 30, no estacionarse o zona escolar, entre otras.

“Dependiendo del tipo de señalética y si estoy solo, al día hago unas cinco o seis máximo, porque todo los tiempos del trabajo, desde cero, se hacen de forma manual. Cuando tengo a alguien que me ayude, como ahorita Miguel, hacemos unas ocho o hasta 10”.

Aproximadamente, a Gregorio le toma una hora de su jornada elaborar un tablero de principio a fin. Trabajo que, reconoce, parece sencillo, pero no lo es, pues implica cualidades como paciencia, precisión, destreza manual y amor por lo que se hace.

Hay ocasiones en las que Goyo tiene que jugar la carta de restaurador, cuando sus tableros regresan al taller marcados por el maltrato y vandalismo. Entonces, una vez más, emplea sus manos para raspar la señalética hasta regresarla a su estado de lienzo gris. A la par que desprende el daño, Gregorio también borra los vestigios de su trabajo y reinicia todo el proceso de elaboración que implican los fondos y las figurillas reflejantes.

Así, en las calles, avenidas, cruceros, pasos a nivel y ciclopistas, el trabajo de Goyo se levanta discreto en sus detalles artesanales; su grado estético se mantiene oculto ante los ojos en desplazamiento para que su guía descriptiva refleje a las miradas transeúntes las formas de convivencia que rigen al ecosistema urbano.