Comercio justo y consumo responsable en el Tianguis Alternativo de Puebla

Un para el comercio justo y consumo responsable: Tianguis Alternativo de Puebla

Por: Paulina Islas

Al vivir en la ciudad, pareciera casi imposible concebir otra forma de comercialización de alimentos que fuera de los supermercados. La Organización de las Naciones Unidas de la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), ha identificado una serie de problemas en esta práctica que van desde que se instalan los mercados locales, la incapacidad de los mismos para abastecer las necesidades de mayoreo en las zonas urbanas, así como la desaparición o destrucción de las instalaciones.

También, desde que el agricultor o productor genera un producto hasta que llega a las manos del consumidor, existen muchas personas en medio que, en ocasiones, se aprovechan de los productores o agricultores –coyotaje-, disminuyendo las ganancias de los mismos. Esta ocasión, en entrevista para El Incluyente, Betrán Rault y Valeria de León, encargados del proyecto “Tianguis Alternativo de Puebla” explicaron la naturaleza del mismo y su búsqueda de un consumo más sustentable y justo, tanto para productores como para consumidores.

Este espacio de encuentro reúne a diversas personas interesadas en intercambios más justos social y ambientalmente, basados en relaciones de confianza, busca generar la construcción de un sistema alimentario local basado en la sustentabilidad, la producción ecológica, el intercambio solidario y la construcción de comunidad.

A 13 años de su apertura, ha pasado por varias locaciones, como la laguna de San Baltazar o Cholula, para ahora encontrarse en la calle Dalias 6103, de la colonia Bugambilias. El 21 de julio de 2007 se realizó el primer día de plaza con sólo tres grupos de productores, una docena de consumidores y un taller, hoy cuenta con más de 40 participantes en este espacio de intercambio.

“El proyecto se empezó a gestar hace 15 años, éramos cinco personas y nuestro interés era crear un espacio o canal de compra venta de productos agrícolas locales. Nació en gran parte del interés de consumidores, porque nos dimos cuenta que nuestro estilo de vida urbano no nos permite acceder a ciertos productos”, señaló Betrán.

Sobre la marcha, dentro de las actividades que desarrollaban, se dieron cuenta que las y los productores tenían muchas dificultades para vender; contaban con calidad y precios muy competitivos, pero no encontraban oportunidad de comercializar, ya fuera por falta de espacios o abusos de intermediarios. 

Para 2016, el “Tianguis Alternativo de Puebla” reforzó su propuesta al concretar una alianza con la asociación “Sembrarte”, quienes fomentan la agricultura urbana y cuentan con un huerto demostrativo al sur de la ciudad. Así, el Tianguis impulsó la parte de formación y capacitación de agricultura.

“En apoyo con organizaciones, hicimos un foro y empezamos a conectar con varios productores. A mucha gente, como que los valores del proyecto y la idea de que en Puebla hubiera un mercado así, le entusiasmó y se fueron sumando entre voluntarios, productores, comercializadores, transportadores de alimentos y poco a poco fue creciendo, la gente lo empezó a reconocer y fue conformándose el tianguis”, relató Betrán.

Valeria, complementando, explicó que la idea de que fuera los sábados tiene que ver con que quienes asisten fueran los mismos productores. “Si se va a trabajar con productores de campo, pues no les vamos a exigir estar dos o tres veces a la semana, porque ellos se dedican a la producción. Por eso también se cierra antes, hay quienes viven muy lejos”.

Este espacio, aún con la pandemia, cuenta con la asistencia de 48 productores participantes y entre 250 y 300 personas que van a comprar sus productos de manera regular, destacando una presencia mayormente femenina y en un rango de edad de 25 años en adelante.

Bajo una búsqueda constante de renovación, el proyecto más reciente del Tianguis es una plataforma de compra en línea: “Tianguis Alternativo virtual”, a través de la tienda Tawá de la asociación “Sembrarte”. Con la aparición del COVID-19, Betrán indicó que se tuvo que acelerar el proyecto, puesto que era una forma de seguir ayudando a las y los productores y dotar de una opción segura para quienes buscan sus productos de manera habitual.

“Casi no hemos hecho ningún evento, con la idea de que las personas vengan, compren y se vayan, para no fomentar tanto el que permanezcan. Pero es el día que vienen con la mamá, con la amiga, vienen a platicar, en lo que comen, por ejemplo, tenemos dos puestos de venta de comida”, agregó Valeria, quién también destaca que el Tianguis, antes de la contingencia, se convirtió también en un espacio de convivencia, “ya es una comunidad, hay una base de consumidores que suelen venir todos los sábados sí o sí”.

Además de los productos que se comercializan, el espacio también realizaba foros, ferias, talleres, espacios de diálogo y visitas a productores, buscando y permitiendo la vinculación de distintos proyectos sociales, económicos y ambientales.

“Aquí el fin no es que se lucre con esto, sino que el dinero que aportan los expositores, se va a un fondo colectivo. Hacemos asambleas, donde se define en qué se usa: ‘oye, que se está echando a perder el techo, necesitamos más mesas, va a haber un evento de agroecología’ y se les beca, se invierte en eso”, comentó Valeria.

La mayoría del dinero que ingresa al Tianguis surge de los espacios que ocupan las personas que venden sus productos y es reinvertido en el mismo proyecto; Betrán define este modelo de negocio como una “cooperativa de comercialización”. Por ejemplo, Fidel que forma parte de este espacio, a través de los cursos, talleres y capacitaciones que ha recibido como “becado” por los recursos del Tianguis ha expandido su producción y diversificado su actividad.




También cuentan con obstáculos quienes se han aventurado a relacionarse económicamente de formas más sustentables, Betrán comentó que ni instituciones ni agencias públicas se encuentran interesadas en este tipo de proyectos ya que “su modelo de apoyo no está enfocado a la comercialización, está más enfocado a la producción de grandes volúmenes y exportación cuando el 70 por ciento de los alimentos que consumimos en este continente vienen de pequeños productores, agricultura familiar”.

Mantener la autonomía del proyecto es fundamental, “esa es una parte que permite hacer sostenible el proyecto. A nuestros productores no les interesa producir en cantidad, aquí cuidan mucho el suelo, la tierra”, complementó Valeria.

A 13 años de su fundación, este proyecto mantiene dentro de sus objetivos que cualquier productor, sin mayor recomendación, pueda instalarse y vender en el Tianguis y mejorar la calidad de vida de las y los poblanos a través de su alimentación, generando economías alternativas tan necesarias e importantes en el contexto actual de crisis por la pandemia global.