Mujeres tejiendo redes; la autogestión laboral como forma de resistencia colectiva

Mujeres tejiendo redes; la autogestión laboral como forma de resistencia colectiva

Por: Jessica Reyes

Autogestión y autoempleo, las mujeres se movilizan y avanzan unidas; crean comunidad, redes de colaboración y un sentido de pertenencia donde la visión de género ha revolucionado la manera de autonombrarse:

Capaces, creativas y solidarias.

“Encontré un lugar donde me sentía útil, donde podía distraerme y aprender, donde he tenido satisfacción económica […] encontré más de una salida”.

Guadalupe Martínez Aguilar es una productora poblana que encontró en sus cursos de capacitación a mujeres autogestivas un espacio para tejer redes, nudos y resistencias que, a lo largo de tres años, las ha impulsado a sostenerse a ellas mismas y a su capacidad creadora.

Cinco mujeres poblanas se han conectado en torno a un proyecto de emprendimiento multidiverso, donde cada una abandera su producto, pero la colectividad impera para lograr un alcance de mayor escala y alivianar las cargas de trabajo que acompañan su día a día.

“Aquí se creó un grupo bonito donde todas apoyamos y aportamos […] salen proyectos y todas le echamos ganas. Las cinco hemos tomado los mismos cursos, pero también cursos diferentes, aprendimos a hacer las mismas cosas y también algunas diferentes. Aquí hacemos equipo; nos vamos compartiendo el conocimiento”, cuenta Lupita para El Incluyente.

Bety, Miriam, Luz, Vero y Lupita son productoras poblanas que trabajan, ríen, se escuchan y apoyan a la hora de enfrentar retos de producción más numerosos y, por lo tanto, más remunerativos. Así, ante el llamado a elaborar casi 100 piñatas artesanales en menos de dos semanas, todas le entraron al quite.

Ser emprendedora, esposa, madre y abuela puede llegar a ser estresante, pero nunca demasiado. Beatriz Silverio Solís, es una productora más de esta red de mujeres que creyó en el potencial de su trabajo y en la unión comunitaria para alcanzar una independencia económica y un negocio al cual llamarle suyo.

“Trabajé en una empresa por 25 años como secretaria en una área de contabilidad y de producción, me retiré y después me incluí en la empresa de mi esposo […] No es lo mismo trabajar con mi esposo en su negocio a que yo tenga mi dinero”, explica Bety.

Según la ONU Mujeres, el empoderamiento económico se sustenta en tres criterios básicos vinculados al ejercicio libre de las mujeres de transformar, participar y generar impacto:

Las mujeres han de poder transformar sus propias vidas, así como sus comunidades y sociedades y los mercados o actividades económicas en las que participan; han de poder participar en los procesos y espacios que afectan su independencia económica; y han de poder tener impacto dentro de sus hogares, en la comunidad y sobre la legislación y políticas que afectan su autonomía económica.

Fue a partir de la propuesta de un espacio donde se provee formación, educación y herramientas que se hilaron cinco historias, cinco mujeres que coincidieron para creer en ellas mismas y en su capacidad de crear una economía de mujeres para mujeres; solidaria, resistente y autónoma.

“La Secretaría para la Igualdad Sustantiva de Género nos ha apoyado mucho […] ha hecho promoción de nuestro trabajo. Nos han dado lugar, tiempo y reconocimiento como mujeres autogestivas, y no sólo nos ha llevado de la mano con nuestros cursos, también nos ha impulsado en exposiciones y ferias”.

Las barreras se caen pero siguen frenado a más de una

El panorama de participación femenina en la economía de México presenta diferencias importantes en comparación con la ocupación y las oportunidades que tienen los hombres. Según datos recabados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), al segundo trimestre del 2019, en Puebla la tasa de participación femenina en la economía local es de 44.7 por ciento, mientras que la masculina es del 78.8 por ciento.

Las cifras a nivel nacional, donde en promedio sólo 4 de cada 10 mujeres desarrollan actividades económicas remuneradas, mientras que 7 de cada 10 hombres ocupan un empleo, revelan la persistencia de una batalla por el empoderamiento económico que está lejos de ser paritaria, justa o incluyente, a la que se le suma el factor de las brechas salariales de género.

La discriminación de género implica que a menudo las mujeres acaban desempeñando trabajos no seguros y mal pagados, y siguen siendo una pequeña minoría en puestos directivos. La discriminación también reduce el acceso a bienes económicos como la tierra y los préstamos y limita su participación en el diseño de políticas sociales y económicas, refiere la ONU Mujeres.

A la par de estas circunstancias, en México y en el mundo, las mujeres enfrentan otro desafío a la hora de intentar -y conseguir- conciliar el trabajo, la familia, la crianza y las tareas no remuneradas del hogar.

De acuerdo con datos del Segundo Informe del Observatorio de Trabajo Digno de la organización Acción Ciudadana Frente a la Pobreza, las mujeres asumen una responsabilidad desmedida de este trabajo, donde ellas dedican hasta 42.8 horas a la ‘otra jornada laboral’, cuando los varones sólo destinan 16.5 horas, es decir, las mujeres absorben entre dos y diez veces más trabajo de cuidados no remunerado que los hombres.

Pese a las barreras sistémicas que han frenado la incursión de las mujeres en la vida económica, cuatro millones mexicanas como Lupita y Bety han logrado reclasificarse como emprendedoras. Según cifras del INEGI, el 19 por ciento de los emprendimientos en el país lo realizan mujeres dispuestas a ser independientes (29 por ciento), para elevar su calidad de vida (20 por ciento), o desarrollarse en ramo de su interés (20 por ciento), para continuar con el negocio familiar (18 por ciento), o como una alternativa ante circunstancias laborales adversas (13 por ciento).

“Me siento muy satisfecha como persona, me siento muy grande […] al principio me puse una barrera porque me decía ‘no sé vender’, pero con la ayuda de mi hija, porque ella me ayuda en el diseño y se mete a las redes sociales para las ventas, encontramos más oportunidades”, concluye Beatriz.