La fundación de Puebla; del sueño del señor Garcés a la consolidación de los primeros barrios

Miguel Ángel Cuenya

Por: Paulina Islas

Los mitos y las leyendas en torno a la fundación de las ciudades, desde las más antiguas, forman parte de la identidad de quienes la habitan. Puebla no es la excepción, su traza hecha por los mismos ángeles ha permeado en la memoria colectiva de las y los poblanos, además de ser uno de los principales mitos y atracciones turísticas.

La mayoría de los relatos fundacionales aseguran que  la traza primigenia de su centro histórico es gracias a que se concibió como una ciudad de españoles; sin embargo, el papel de las personas indígenas en este valle de Cuetlaxcoapan, así como mestizas, es fundamental para comprender a la ciudad que se ve y se camina hoy en día.

La muy leal, muy noble y muy católica Puebla de los Ángeles

En entrevista para Red Pública, Miguel Ángel Cuenya, doctor y profesor-investigador en el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, explicó que el proyecto de la ciudad surgió del trabajo realizado por los frailes franciscanos, el Obispo de Tlaxcala, fray Julián Garcés, y el oidor Juan de Salmerón, quienes, con la anuencia de la Audiencia y el virrey de la Nueva España.

Este primer proceso fundacional se da en las inmediaciones de El Alto, cerca de el convento de San Francisco, el 16 de abril de 1531. Sin embargo, como hace referencia Julia Hirschberg en su texto “La fundación de Puebla de los Ángeles: Mito y realidad”, no es un proceso homogéneo e instantáneo.

“No es un solo día la fundación de la ciudad, son por lo menos cuatro años, con idas, venidas, triunfos, retrocesos, fracasos, de nuevo empezar… Es un proceso muy complejo la fundación de una ciudad y que hay mitos, leyendas, sí. [Puebla] es una ciudad que está plagada de ángeles o se identidad de los ángeles, desde los coloniales hasta el ángel de Sebastián, en el boulevard 5 de mayo. De cualquier manera, hay un origen al cual todo el mundo hace permanentemente referencia y que, con motivo del 16 de abril, se conmemora”, explicó Cuenya.

Además, señaló, que fueron los franciscanos quienes conocían el territorio, convencieron al oidor Salmerón y consiguieron la autorización del obispo de Tlaxcala para la fundación de la ciudad.

“Los franciscanos fueron, porque si no nosotros no podemos entender por qué cuando se funda la ciudad ya se estaba construyendo el convento franciscano. Es decir, todos los demás asentamientos religiosos van a estar dentro de la traza, salvo el de San Francisco que está fuera. Por lo menos unos 4 o 5 años antes de la fundación de la ciudad ya se estaba construyendo el convento. No se había terminado en 1531, es cierto, pero eso lleva a que la presencia franciscana era fuerte y ellos conocían la región. Y lógicamente en la zona de El Alto había un asentamiento, no muy grande, pero había un asentamiento indígena.”, retrató el investigador.

Enfatizó que este proyecto de ciudad, como fue concebido en un inicio por el señor Garcés y don Salmerón, fracasó. La idea inicial, comentó, era conformar una ciudad en la que las personas indígenas tuvieran una mínima o nula participación, una sociedad de pequeños agricultores españoles.

“El proyecto social, como proyecto social, fracasa. ¿Por qué?, porque le van a dar 10 trabajadores a cada vecino, para que les ayude a construir sus viviendas y 20 para que trabajen en las parcelas que se les van a otorgar en el Valle de Carrión, es decir, en Atlixco. Entonces, tienen repartimiento, igual que un encomendero, aunque tenían que pagarles salario. Ese es un elemento, más los privilegios de no pagar impuestos. No pagan alcabala, no pagan almojarifazgo (impuesto aduanero por el traslado de mercancías que ingresaban o salían del Reino de España o transitaban entre los diversos puertos, equivalente al actual arancel) durante 30 años. Imagínate si no pagas el IVA durante 30 años. Era la manera de garantizar el arraigo. En este contexto, de la utilización de mano de obra indígena, que se les autoriza primero como repartimiento y después como mano de obra asalariada, empiezan a llegar de todos los entornos población indígena que se va a asentar en la ciudad para trabajar”.

Pero, dentro del fracaso se encuentra su éxito. Con las facilidades que la corona brindó a la zona, Puebla se convirtió en un centro comercial lo que permitió el desarrollo, posteriormente, de procesos de manufactura.

Se tiene por costumbre –errónea- decir que Puebla está a la mitad del camino entre la Ciudad de México y la Ciudad de Veracruz. El ahora estado de Puebla se encuentra lejos de Veracruz, cerca de la capital del país y en el camino entre estas dos, pero la ciudad de Puebla se fundó lejos del camino.

El doctor Cuenya explicó que hubo una política en donde el Cabildo de la ciudad, el Ayuntamiento, trabajó con la corona para desviar el camino entre las ciudades de México y Veracruz hacia la ciudad de Puebla. Antes, el camino salía vía Texcoco, subía hasta la altura de Calpulalpan, los Llanos de Apan y de ahí seguía, pasaba por lo que posteriormente sería Apizaco y Huamantla y de ahí canalizaba hacia Perote para bajar.

“Entonces, el Ayuntamiento plantea, y eso lo tiene muy claro Salmerón, que si el camino de México- Veracruz, no pasa por Puebla, el proyecto muere. Es una cosa muy interesante, porque la ciudad empieza a hacerse cargo, con mucho dinero por supuesto, de las postas; una en Texmelucan, es decir de los Llanos de Apan a Texmelucan, y otras de la zona de los Llanos de Apan. Entonces empiezan a cerrar las postas para obligar a el comercio a que se desvíe hacia Texmelucan, agarre Puebla, las Cumbres del Acultzingo. Esto les va a llevar 20 años, entre 1532-1532 hasta 1550, eso es algo importantísimo.

Aclaró que este proyecto tuvo mucha oposición de comerciantes en la Ciudad de México y del obispo de Tlaxcala, había distintos intereses económicos, sociales y políticos para truncar este proyecto.

Nuevo espacio urbano

A pesar de ello, desde comienzos del siglo XVII, Puebla se convirtió en el centro productor de manufactura de toda la Nueva España. La ciudad fungió un papel muy importante en la economía y la política de la Nueva España y, en este contexto, Cuenya reivindica el papel de los tlaxcaltecas, cholultecas, calpantecas, tepoztecas y huejotzincas, en la conformación de la ciudad.

“Sin ellos no se hubiera podido llevar adelante el proyecto. La posibilidad de vivir cerca de su lugar natural, poder venir y trabajar por un salario… venían constantemente de lugares cercanos, algunos de la mixteca, como los trajeron los dominicos o de Texcoco, que los trajeron en menor medida los franciscanos.”

De la historia que no se cuenta de la ciudad, el papel de la población afrodescendiente también es muy importante.

Cuenya rescata de las investigaciones realizadas que dan pautas del papel desempeñado por esta población el caso de una mulata que obtuvo el primer contrato para limpiar la ciudad, lo que implicaba que la mujer tenía capital, que pudo haber sido condonada o manumitida por su antiguo esclavista y que tenía carros para levantar la basura y sirvientes; durante tres o cuatro años, consiguió la recolección de basura, Después, explica el profesor, porque era negra, la hacen a un lado y contratan a otra persona, seis meses después la tienen que volver a contratar a la mulata porque la otra persona no sabía.

Una vez establecida la ciudad, surgió un problema de otra índole, los pobladores españoles de esta nueva urbe venían de un mundo en donde las ciudades se separaban por etnias o religiones (la ciudad de los cristianos, la ciudad de los musulmanes, la ciudad de los judíos…) con una división medieval, por lo que al llegar a la Nueva España, establecieron los barrios.

“No es un proceso que se dé de un día para el otro, es un proceso complejo en donde el Ayuntamiento, tenía que aprender y cuidar el uso del espacio. De esa manera se cumple, perfectamente bien, la estructura de una ciudad con patrón medieval, igual que la Ciudad de México”.

El doctor, siguiendo con la fundación de los barrios, comentó que al norte y poniente, estos estaban integrados a la urbe, pero al sur no, porque eran tierras comunales, por lo tanto ahí no se podían construir ni asentar nadie y desde el siglo XVI le pertenecían al Ayuntamiento. Entonces, los asentamientos de indígenas que, posteriormente, serían barrios se darían más hacia el poniente que hacia el oriente.

“Lo que sería el barrio de Santiago, de San Sebastián, del otro lado del Paseo Bravo, ahí es donde se van a asentar las primeras parcialidades de los tlaxcaltecas después de los de Texcoco y se van a ir asentando una serie de barrios indígenas, como el Barrio de Santa Ana, el Barrio de San Pablo de los Naturales, el Barrio de San Antonio, esos son muy importantes. Por el lado del oriente, se van a ir estableciendo las parcialidades, también de los tlaxcaltecas, tanto es así que la región se llama el Tlaxcaltecalpan y, de la zona de San Francisco que va a ser un importante asentamiento, el Barrio de Analco, de la Luz, de los Remedios, que son absolutamente indígenas.”

Cuando se habla de barrios indígenas, implicaba que estaba reglamentado donde podían vivir los indígenas, pero trabajaban en la traza urbana, por lo que iban y venían todos los días y por ello la construcción de puentes pues cuando crecían los ríos no podían cruzar.

Así dieron los procesos de mestizaje de los barrios que, a su vez, derivaron en la identificación con el propio barrio, cada uno tenía una historia particular, tareas específicas y gobiernos propios.

“Empiezan a organizarse cada barrio con autoridades locales hasta que se llega a conformar el cabildo de los señores indios, donde cada barrio tiene su representación. De esta manera, la ciudad negocia directamente con el cabildo de los señores indios, de autoridad a autoridad; el Cabildo de los señores indios, subordinado al Cabildo español, el Cabildo de Puebla. Pero hay una autonomía relativa, es decir, el cabildo de los señores indios la realización de fiestas patronales, una serie de actividades y también presentan las quejas sobre el asentamiento de población que no es indígena en los barrios” expresa Cuenya.

A cada barrio su oficio

Así, dependiendo del tipo de población se asentaron ciertas profesiones en cada barrio o zona, por ejemplo, en San José del Barrio de la Merced predominaban los sastres y sombrereros, profesiones mestizas; mientras que, en la zona de Santiago y en la zona de San Miguelito, que fueron barrios totalmente indígenas, se tenía el grupo de los arrieros, que estaban relacionados fundamentalmente con la zona de la mixteca.

“Justamente donde la gente va a trabajar es en los barrios, al margen de los criaderos de cerdos. Se trata de regular que en muchos barrios va a estar los cebaderos de cerdos porque acá la producción de jabón es muy importante, la producción del tocino, porque se aprovecha el cerdo la grasa para hacer jabones. Eso trabajaban los indígenas, como cereros, como jaboneros, en las tocineras, como curtidores, como panaderos, herreros, hojalateros, y trabajan en los llamados barrios indígenas que hoy están totalmente integrados a la ciudad”, aseguró Cuenya.

El proceso de mestizaje, acotó Miguel A. Cuenya, se puede observar con relación al carácter religioso, el étnico y el profesional, desde comienzos del siglo XVII, con el asentamiento de determinados oficios en ciertas zonas

“Normalmente el papel del templo en el barrio es muy importante, nuclear a la población. Tenemos por ejemplo que Santiago es el patrón de los albañiles, igual que la Santa Cruz; San José es el patrón de los carpinteros y de los tejedores. Porque en la parroquia de San José se va a nuclear la mayor parte de los tejedores, una población en mayor parte indígena y mestiza. Y en el Barrio de Santa Ana, la patrona de las hilanderas, que es una profesión indígena. Por otro lado, el Santo Ángel Custodio es el santo protector de los panaderos, esto es interesante porque no estamos hablando de los propietarios de las panaderías, sino de los trabajadores que todos los días cruzaban a las 4 de la mañana para ir a las panaderías y trabajaban al lado del horno, sacando el pan, que era uno de los trabajos más insalubres y de menor prestigio social. Pero al mismo tiempo, el Santo Ángel Custodio va a ser el patrón protector de los herreros; esta sí es una profesión española. No es de los que golpetean el fierro, esos son indígenas o mestizos, sino de los propietarios, porque no podían tener las fraguas dentro de la ciudad por la contaminación, las van a tener alrededor de la plazuela de Analco”, complementó.

Es decir, primero se establecía la ermita o templo para el santo y luego el sector poblacional se aglomeraba en torno a la figura, dependiendo la actividad a la que se especializaban. La santa o el santo fue el vehículo con el cual los pobladores quedaron integrados a la iglesia. Puebla, además de contar con San José y San Miguel Arcángel como protectores, cuenta con 27 santos patronales y protectores en la ciudad.

“Es una sociedad profundamente religiosa, entonces todos los elementos que funcionan dentro de esta sociedad como elementos religiosos van a ser muy importantes”, resaltó el historiador.

La Puebla de Zaragoza

Cuenya aseveró que para el año 1560 ninguna ciudad, fuera de la Ciudad de México, tenía o se le había otorgado todos los privilegios y ennoblecimientos como los obtenidos por la ciudad de Puebla, como “Muy Noble”, “Muy Leal” o “Muy Católica”, lo cual la equiparaba a la actual capital del país.

“Eso es lo que le va a dar el carácter y, lo que yo digo, la impronta, que hasta el día de hoy se hable de los ángeles, aunque se llame Puebla de Zaragoza. Porque don Benito jamás le preguntó a los poblanos si estaban interesados en cambiarle el nombre”, argumentó.

Posteriormente a la conquista y a este proceso colonial de asentamiento y reorganización social en el valle de Cuetlaxcuapan, Puebla mantuvo mucha de su estructura urbanística y social hasta 1930 o 1940, cuando empezaron a aparecer las primeras colonias, algunas populares, otras de clase media o clase alta que surgieron a partir de la subdivisión de los antiguos ranchos, igual que en la Ciudad de México.

El entubamiento del río de San Francisco, alrededor de la década de los 60 y su continuación en 1975, de la 25 poniente hacia lo que sería Valsequillo, dio paso a otra etapa en la urbanización y reestructuración de la ciudad.

“Cuando yo llegué en 1978 recién se estaba construyendo Plaza Dorada, no se había inaugurado plaza, pero estaba San Manuel y estaba San Baltazar, toda esa zona hacia Huexotitla era campo, no había nada”, explicó Miguel A. Cuenya, cuya nacionalidad es argentina.