En sus zapatos, la pandemia desde la niñez

En sus zapatos, la pandemia desde la niñez

Por: Paulina Islas

Hablar de la pandemia por COVID-19 es evocar la incertidumbre de aquellos días de marzo de 2020, recordar las noticias de acaparamiento de insumos médicos y de limpieza, es el miedo a no saber, pero todo desde la adultez, desde quienes leen y consumen la información que se vierte en los medios.

Pocas veces se habla de lo que las y los niños han experimentado en este periodo de confinamiento, incertidumbre y cambios abruptos.

El primer cambio fue en el ámbito escolar donde, de un día para otro, se suspendieron las actividades presenciales, las escuelas cerraron sus puertas y -como muchos- esperaron a que fuese cuestión de unas semanas para volver a las aulas.

A más de un año del cierre de estas instituciones, el virus SARS-CoV-2 no ha cedido del todo, a pesar de que se tiene una vacuna, autoridades gubernamentales, de salud y organizaciones internacionales no conciertan si los niños deben y pueden regresar a clases.

En lo que sí están de acuerdo, es que puede haber secuelas y aún se desconocen los efectos de este confinamiento en las infancias del mundo. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), ha sido enfático en la reapertura segura de escuelas para aminorar los impactos de aprendizaje, salud mental, ciber acoso y, en general, su bienestar y desarrollo integral.

Celeste, de 8 años, ha estado confinada desde el inicio de la pandemia, su mamá no la inscribió al ciclo escolar pasado y cuenta a Red Pública cómo ha convivido en la casa con su abuela y su madre, alternando entre tareas asignadas de forma particular por un tutor, visitas esporádicas al parque cercano a su casa y actividades del hogar.

“Mi mamá me ha puesto a hacer muchas cosas, a veces extraño a mis amigos. Mi mamá me lleva a un parque vacío, pero con mi abuelita. Todos los trabajos de mi mamá están cerrados. […] Juego con mis muñecas, mi mamá me ha enseñado a cocinar, me gusta mucho ver en YouTube coreografías, jugar con mis perritas y, en mi casa, mi mamá me puso a hacer una manualidad. En mi habitación me puso a pintar unos colibríes de madera y los pegamos en la pared”.

Las circunstancias de Celeste, durante este año en pandemia, no son las mismas que las de la mayoría de niñas y niños en el país, en el estado, incluso en el municipio de Puebla. De acuerdo con el Diagnóstico del cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible post COVID-19 para un plan estratégico de bienestar ante la Nueva Normalidad para el Municipio de Puebla se identificaron tres principales afectaciones por la pandemia en la niñez: alimentación insuficiente, rezago educativo y violencia familiar.

Este diagnóstico retoma datos recopilados por al Instituto Mexicano del Seguro Social a nivel estatal, los cuales reportan una disminución de 12.5 millones de personas ocupadas entre abril y mayo de 2020. Es decir, el 70 por ciento de los hogares poblanos se han visto afectados en la economía familiar.

Esto también se refleja en el tema educativo, los datos señalan que al menos 6.3 por ciento de los hogares cambiaron a sus hijos de escuela para disminuir gastos, en 4.2 por ciento de los hogares miembros en edad escolar ha tenido que dejar de estudiar y en 82.9 por ciento de los hogares que utilizaban guarderías, el cuidado de un menor estuvo a cargo de un miembro de la familia y el 47.1 por cientode las veces es la abuela quien cuida a los menores de edad.

Esto resulta importante debido a que, en el marco del Día del niño y la niña, celebrado el 30 de abril en México, se debe poner especial atención en el cumplimiento y protección de los derechos de las infancias, sobre todo durante la pandemia por COVID-19. Si algo ha quedado claro es que, el confinamiento voluntario ha vulnerado muchos de los derechos de las personas en general y la niñez y la adolescencia no siempre son contempladas.

La reapertura paulatina y segura de escuelas resulta más imperativo que nunca, ya que, a pesar de contar con el Programa Aprende en Casa –I, II y III- de la Secretaría de Educación Pública, “ir a la escuela se convierte en una prioridad sobre todo para quienes tienen menos posibilidades de estudio y aprendizaje fuera de los planteles educativos”, señala la UNICEF.

La interrupción en el aprendizaje, o al menos la afección en los logros de este a raíz de la pandemia, recrudece las cifras del Plan Nacional para la Evaluación de los Aprendizajes (PLANEA) del 2018, donde destacaba que casi el 80 por ciento de las niñas y niños mexicanos no alcanzaban los aprendizajes esperados en las áreas de comprensión lectura y matemáticas.

Para niños como Sebastián, de 5 años, quienes apenas inician su vida escolar, es importante retomar el contacto con sus compañeros. Dave Marcotte, profesor en la Universidad Americana en Washington, determinó que los niños más pequeños son los más afectados en su desarrollo intelectual, basado en un estudio realizado en 2007 sobre cierres de escuelas a corto plazo debido a la nieve.

Marcotte señala que el tiempo dedicado a la educación moldea el coeficiente intelectual de la edad adulta; por lo que, aunque Sebastián disfruta más pasar tiempo en casa: “mi parte favorita [de estar en casa] es que puedo jugar mucho tiempo […]El viernes no me dejan tarea, los miércoles tampoco. Tengo un horario de clase de música y la tomo en línea”, el profesor estadounidense expresa que las posibilidades de afecciones cognitivas son importantes como para dejarlas de lado.

Por otra parte, Celeste extraña a sus amigos “ir a la escuela, también extraño mucho ir a fiestas con mis amigos” y respecto a las clases prefiere la modalidad presencial: “yo pongo más atención, me gusta ver mucho a mis amigos y a final de cuentas, en presencial puedes hacer más cosas”, agrega.

Sebastián también mostro cierto anhelo y respondió que extrañaba las fiestas de cumpleaños y “el colegio como un 50 por ciento”.

Tocar y hablar de estos temas, sobre todo con sus protagonistas -las y los niños-, permite identificar el papel que la sociedad juega en el desarrollo, defensa, promoción y cuidado de los derechos establecidos para este sector poblacional. Y aunque existen varios indicadores preocupantes, de los cuales no se puede quitar el dedo del reglón, también hay aspectos positivos.

“[Al principio fue] algo aburrido, pero no mucho, porque pues desde que empezó [la pandemia] no tenía clases. Tenía solamente hojas de clase que me decían que tenía que hacer. Cuando estoy en mi casa estoy con mi abuela y está aprendiendo a jugar, ya me ganó dos partidos. Me gusta salir al parque, todos los lunes”, dice Sebastián entre carcajadas y miradas traviesas a su mamá.

De igual forma, Celeste cumple con sus clases extracurriculares de 4 a 6 de la tarde y comenta: “me divierto mucho en mi casa. Después voy a extrañar mucho esto porque después voy a volver a mi colegio y voy a tener otra vez mis obligaciones, no como ahora que no tengo muchas”.

También entre los aprendizajes que ambas personas han tenido, Sebastián ha aprovechado su tiempo para aprender letra cursiva y números romanos; y Celeste, un poco más seria, dice “yo he aprendido a valorar lo que tengo y aunque esté esta pandemia, pues no es tan malo porque puedes disfrutar a tus seres queridos, jugar mucho y pues, la verdad te diviertes mucho, aunque no veas a mucha gente”.

Ella, a sus cortos ocho años, ve preocupación en las caras de las dos mujeres con las que convive a diario, pero espera que las cosas vuelvan a ser como antes: “mi mamá y yo ya nos enfermamos, pero ya estamos bien. Mi mamá me dice que todo tiene una fecha de caducidad y que esto se va a terminar, sí, le creo a mi mamá”.

Por muy pequeño de edad, Sebastián ha visto también el avance de la pandemia y dice “no sabía que iba a pasar”, pero refirió estar tranquilo y, aunque espera que se acabe ya la pandemia, piensa que en un año a partir de hoy “el coronavirus estará a un cincuenta, [vamos a usar el] cubre bocas menos, pero sí”.

Incluso desde la UNICEF se ha hablado de la posibilidad de que esta sea una generación perdida, no solo por el impacto de esta enfermedad en este sector poblacional, sino por los efectos del confinamiento en sus futuros. Por este motivo, en el Día de la Niñez es importante recordar sus derechos, pensar cómo desde la adultez se contribuir a dejarles un mejor mundo, saberlos partícipes de esta pandemia, entender que ellos también están siendo afectados y ayudarlos, en la medida de las capacidades de cada uno, a sobrellevar este escenario mundial.



FUENTE

https://www.bbc.com/future/article/20200603-how-covid-19-is-changing-the-worlds-children

https://www.letraslibres.com/mexico/politica/la-ninez-y-la-pandemia

https://www.animalpolitico.com/la-dignidad-en-nuestras-manos/impacto-de-la-pandemia-en-la-ninez/

https://news.un.org/en/story/2020/11/1078022

https://ciudadesamigas.org/documento-participacion-covid19/