Madres más allá del instinto maternal

Desromantizar la maternidad

Por: Paulina Islas

El festejo a las madres tiene origen en la segunda década del siglo XX, en el marco de una polémica en Yucatán sobre la distribución de folletos anticonceptivos. En ellos se podría encontrar la frase La limitación de la familia o la brújula del hogar, y su contenido correspondía a Margaret Sanger, enfermera estadounidense que ya había sido aprehendida varias veces en su país de origen, al grado de tener que abandonarlo.

Esto puso a discusión la capacidad de decisión de las mujeres sobre su cuerpo por parte del sector conservador del país, y serían ellos quienes responderían esta campaña con una aún más fuerte en términos mediáticos y de alcance, el Día de la Madre.

Confrontar el “mandato sagrado” femenino con el derecho de cada mujer a decidir por su propio cuerpo permite visibilizar el otro lado de la(s) maternidad(es), el que no es celebrado y no es aplaudido en los comerciales del 10 de mayo, esa maternidad castigada por la sociedad con la etiqueta de “malas madres”.

Sin embargo, ¿existen realmente estas malas madres? ¿cómo es una mala madre? Vanessa Juárez Pizano, madre tlaxcalteca, feminista no heterosexual, creadora del Festival Feminista para Niñas y cursante de la maestría en Estudios de Género Universidad Autónoma de Tlaxcala, comparte con Red Pública algunos acercamientos sobre los mandatos sociales, las contradicciones y los silencios dentro del ejercicio de ser mamá.

Mamá desde niña

Vanessa explica que la idea de la maternidad es como una aspiración de autorrealización, se construye desde la niñez con los juguetes y con la reafirmación de los roles de género dentro de la familia, el ser madre se vuelve una construcción social.

“Por ejemplo, a las mujeres desde niñas se nos enseña a ser calladas, a ser bonitas, a ser quietas, a servir a otras personas; hay autores que lo manejan así, como las mujeres a las mujeres se nos enseña el ser para otros, siempre. Yo creo que ahí están los roles de género la diferencia tan contradictoria u opuesta que hay entre lo femenino y lo masculino. Que a los niños todo es afuera, la calle es afuera, la fuerza, la seguridad y la posibilidad. A las niñas es, al contrario, es hacia adentro, es tú no hables, tú no opines, tu no digas, tú no existes. Si tú no estás para las otras personas, no existes.”

La idea de ser mamá, como se presenta y enseña en los medios de comunicación y dentro de las familias, es “algo hermoso, placentero, fabuloso, bonito… y los bebés son lo más hermoso del mundo”, dice Vanessa y expresa que está relacionado con el amor, la heterosexualidad y la culpa.

“Nos venden la idea […]. En esta fecha del 10 de mayo se acentúa más eso de ‘¡guau!, la maternidad ¿qué le vas a regalar a tu mamá? Porque tu madre te dio la vida, porque tu madre te ha dado todo.”

A esto, se suma la idea judeocristiana de la bondad y el sacrificio, refiere Juárez Pizano, que las madres se deben sacrifican por otras personas y la labor de cuidados no se ve como un trabajo, se ve como algo que se debe hacer como madre.

“No es como en un trabajo que: ya salí. bueno ahora voy a dormir toda la noche. No. No nos dan chance de decir ‘hoy no quiero ser mamá’, ‘quiero vacaciones’, ‘quiero una semana sin ellos’. Eso es amor, tomar distancia porque sabes que estás enojada, por ejemplo. La gente y la sociedad toma eso como algo malo, como ser mala.”

Ser mamá y la lucha contra una sociedad contradictoria y exigente

Las contradicciones y exigencias sociales en torno a la maternidad, la feminidad y la sexualidad ejercen presión sobre todas las mujeres, sin tomar en cuenta que la sexualidad es una necesidad humana y que esta no debería estar ligada forzosamente a la maternidad.

Cuando se habla del aborto, quienes están en contra de su legalización o despenalización argumentan que las mujeres no deben llegar a esta práctica y siempre se les “recomienda” dejar de tener relaciones sexuales, cuando la sexualidad forma parte de los derechos sexuales y reproductivos de cualquier persona.

“Mucha gente, cuando rechazan esto, por ejemplo, del estoy embarazada y no quiero tenerlo lo asocia a si no quieres ser mamá, entonces no tenga relaciones sexuales. No pues sí, sí tenemos derecho a tener relaciones sexuales y muchas veces sí nos estamos cuidando y los métodos fallan. Perdón no vamos a dejar de tener sexo solo porque no queremos ser madres; incluso mujeres que están operadas y de todos modos se embarazan, ante eso no podemos controlarlo”, es uno de los ejemplos que usa la creadora del Festival Feminista para Niñas.

Otras de las contradicciones que las madres y mujeres enfrentan, explica, son las ideas de que las mujeres deben tener hijos porque es algo natural y podrían desarrollar alguna enfermedad por no tenerlos, cuando en realidad hay un gran desprecio por la “naturaleza femenina”, como se ve con claridad con el tema de la menstruación.

También, Vanesa habla desde su “ser madre” y cómo se van construyendo exigencias para la maternidad.

“Te obligan a ser mamá para que, una vez dentro de este molde, hay que comportarnos de cierta manera. La figura de madre, este molde que tiene que ver con los estereotipos y roles de género, como que todas las madres tenemos que ser de cierta forma y comportarnos de cierta manera. Y, como tenemos hijas e hijos que criar, debemos cuidar todo, ya no podemos tener pareja, ya no podemos decir groserías o no podemos salir de noche, ya no nos podemos hacer tatuajes, porque ¿qué le estás enseñando tus hijos? Y te lo dice la familia, a mí me lo ha dicho mi papá ¿qué vas hacer cuando ellos te piden un tatuaje?

De ello derivan culpas, arrepentimientos, sentimientos de insuficiencia y cargas emocionales y psicológicas que llevan a muchas mujeres a pensar que no son buenas madres. La culpa se vuelve uno de los aliados más poderoso de la sociedad que reprime a las mujeres. El disfrute de cualquier cosa fuera de la maternidad, se convierte en sentimiento de culpa, ser una “mala madre”, se envuelve en la culpa.

“Cuando eres mamá tiene que ver con chin, me compré algo y no les compré a mis hijos, esto que me compré pude haberlo invertido en la casa o en ellos. También sentimos culpa por regañarlos, si les pegas, si los dejas para salir con tus amigas, para tener una pareja, no ser lo suficiente mujer para que su papá se quede a mi lado… que no es mi caso.”

La idea de no ser nunca suficiente también acompaña a la maternidad, voces externas siempre claman lo que “deberías estar haciendo” y lo que “estás haciendo mal” como madre, ligado al amor infinito que las madres “deben” tener hacia sus hijos, cuando la realidad no es así, los afectos cambian y las emociones no son lineales.

“Siempre tienes que dar más, nunca hay un máximo. Siempre hay una meta más alta, una nueva exigencia o algo nuevo con lo que tienes que cumplir.”

Como madre feminista, Vanessa ha vuelto a esta corriente para dejar de exigirse cumplir con estándares sociales cuasi imposibles y ha descubierto que no existe una sola forma de ser madre, como mencionan las autoras Casilda Rodrigañez y Claudia Von Werlhof.

¿Y si me arrepiento de ser mamá?

Como ávida lectora de género, feminismo y estudiante de maestría, Vanessa ha llegado a la conclusión de que la maternidad es una imposición social, se ha construido una relación indivisible entre el ser mujer y el ser madre.

“Está nutrida, sutilmente, desde los juegos en cuando somos niñas, en los comerciales, cómo se pinta a las mujeres, se ha nutrido esta idea de que ser mujer es sinónimo de ser madre y que las mujeres debemos ser madres porque tenemos un útero.”

6to Festival Feminista para Niñas

Lo que no han hecho la publicidad, ni los libros de autoayuda, ni los médicos, ni otras madres en las familias, es hablar sobre las maternidades de una forma más real y menos romantizada.

La falta de información y de conocimiento de los procesos naturales, psicológicos, físicos y sociales después de parir a un ser humano generan en muchas ocasiones arrepentimiento en las madres, “[…] porque también la vida nos cambia y, también hay algo muy importante que ya lo han dicho y lo he escuchado de otras mujeres, no nos muestran lo que es la maternidad realmente”.

Aquí es donde entra la idea del “instinto materno”, convirtiendo al arrepentimiento en un tabú, pues, para Vanesa, este instinto femenino “natural” es, también, una construcción social que somete a las mujeres a los cuidados del hogar y de la familia, sin tener el derecho a decidir cómo hacerlo o a negarse a ello y poniendo demasiadas exigencias en la calidad de cuidados que las mujeres brindan.

“No es un instinto, porque muchas personas dicen que es un instinto animal, ¿no? Que hasta un animal cuida mejor y pues no es cierto. Hay muchas hembras que dejan a sus crías o las asesinan y la que aguante, la que resista, es la que sobrevive; la más débil se muere, así de simple. Entonces, si partimos del instinto natural, la misma naturaleza nos está diciendo que el fuerte vive y se acabó. Este instinto materno del que hablamos socialmente es un instinto que cuida, que provee, que da, que al más débil lo apoya, lo levanta. No coincide con esta otra parte de la naturaleza.”

El arrepentimiento pareciera ser el pasajero silencioso de las maternidades, pues, expone Vanesa, este puede venir por muchas razones, ya sea porque no fue una opción a elegir, porque se convierte en algo totalmente exigente y demandante y no sabían que sería así, porque la vida les cambia por completo o por la presión de no poderles dar lo mejor a sus hijas e hijos en términos de tiempo, estabilidad económica, estabilidad emocional, entre otros.

“Las niñas y los niños sí merecen ser cuidadas, cuidados, amados, que les demos todo lo que necesiten material y emocionalmente por muchas personas. Creo que está ahí uno de los puntos que deberían estarse analizando políticamente y esa es una de las razones por las que el tejido social está como está. No es responsabilidad de las madres, pero sí claro que los seres humanos estamos siendo cuidados solamente por una madre.”.

Maternidades reales e infancias dignas

Hablar de una sola forma de maternar, de ser madre, deja a muchas mujeres fuera. Cada quien siente y expresa sus emociones de forma distinta, lo mismo al relacionarse con sus hijas o hijos, cada quien lo hará de formas distintas. “No todas somos cariñosas, porque no tenemos mucha paciencia”, ejemplifica Vanesa.

De aquí la importancia de ver a las maternidades de una forma más real, hasta cruda para algunos, y dejar de romantizarlas ya que es un trabajo muy pesado para las mujeres, requiere de muchas cosas y vulnera a las mujeres, ya que la exigencia del “ser madre” es muy fuerte.

Estas exigencias, presiones y mitos en torno a las maternidades también afectan directamente a la niñez, la visión adultocentrista de esta sociedad evita entender a las y los niños como seres humanos individuales y todas sus opiniones, acciones o pensamientos siempre recaen en su madre. Cuando una niña o niño no se comportan como lo esperado, los dedos siempre apuntan a la madre.

La necesidad creada por la sociedad de tener a la madre perfecta repercute directamente en las infancias, se sienten lastimadas y vulneradas cuando la madre no llena estas expectativas.

“Desde esta figura de la maternidad también se violenta a la niñez desde de las exigencias que tienen para con nosotras. Pero además también de la necesidad de tener esa figura o sea poco se habla, y te lo hablo yo desde mi experiencia que soy huérfana de madre, pero poco se habla de que hay niñas y niños que no tienen mamá por diferentes motivos: porque la mamá murió, porque se tuvo que ir a trabajar a Estados Unidos y lo dejó, porque simplemente no quiso nada, y se lastima mucho a las niñas y a los niños por no tener a una mamá.”

Por ello, Vanesa pide que este 10 de mayo y los que vienen, se hable en conjunto de las maternidades, de la niñez e incluso del derecho a decidir ser madre o no, del aborto, “es lo mismo, el aborto, la maternidad y la niñez están interrelacionados, no se pueden separar”.

Concluye que “romantizar la maternidad” no es algo que se haya analizado a profundidad, que no todas las maternidades son iguales y que los contextos siempre serán distintos, “que unas puedan no significa que todas podamos”.

“Vuelen las niñas”

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